sábado, marzo 09, 2024

TOMMY

 


  Su estructura corporal es más pequeña que la de sus hermanos, su pelaje es bicolor aunque predomina el blanco.  Tiene un lunar oscuro junto a su ojo izquierdo y el color de sus ojos es semejante al de la miel, yo lo considero tan dulce como ese alimento.  El color café claro se ubica en la cola y en la cabeza, aparenta un copete o fleco con raya en medio.  ¡Es precioso!  

A pesar de ser el más pequeño y tímido de la manada felina, es de quien puedo hablar más, pues sus singularidades producen episodios dignos de rememorarse entre mis anécdotas personales.

   Esquivo desde cachorro, Tommy careció de nombre, no encontraba uno con el que pudiera identificarlo y para él, no había recibido propuestas. 

   Un buen día, como un destello, vinieron a mi mente unos caramelos de mi infancia, creo que eran de nuez y tenían, si no recuerdo mal, la imagen de un osito.  Entonces lo decidí, mi gato tímido se llamaría Tommy.  A veces le digo Tomasito.

   A Tommy le gusta pasar gran parte del día en la cocina, se echa encima del horno, es solitario, no interactúa con sus hermanos felinos ni con los humanos.  Mi hijo qpd comentaba que no podía comprender la razón por la que el minino fuese tan miedoso, pues “desde que nació, vive aquí”.

   Cuando mi gatito no se ha escondido aún y es sorprendido por algún humano, suele refunfuñar para evitar la proximidad.  Sin embargo, yo insistí en estrechar los lazos con mi gatito. 

   Para tener un acercamiento físico y afectivo con mi Tommy, comencé con la práctica, desde hace algunos años, de una secuencia interactiva con él que consiste en levantarlo, darle cinco besitos en la cabeza, soltarlo y, cuando él  avanza para huir, repetir la serie de acciones; esto lo hago unas cinco o seis veces.  Es gracioso observar que, cuando yo doy por terminada la acción “besucona”, él se adelanta unos pasos para alejarse, pero voltea hacia mí, como si se preguntara la causa de que el juego concluya.  La práctica de esta actividad continúa con menor frecuencia y creo, nos satisface a ambos.

   Tommy se había acostumbrado a la presencia de mi hijo, a quien ya ronroneaba cuando le hablaba o acariciaba su cabeza y orejas.  

    Tras los fallecimientos de mi madre qpd y de mi hijo, quedé desconsolada y yo, distraída al máximo, no me percaté de algo terrible.  No me di cuenta que mi gatito se había introducido al horno.  Puse a calentar agua para beber un café y, cuando el horno comenzó a agitarse violentamente, tardé 16 segundos en reaccionar.  Detuve la programación y, al abrir la puerta, salió mi Tommy como un relámpago, a gran velocidad, para refugiarse no sé dónde.

   Con el alboroto, llegaron todos mis animales, Fanny se colocó junto a mí; y como manada lidereada por la madre Ariel, los dos gatitos Botitas y Kahil.  Ariel estaba realmente enfurecida y quiso morder a Fanny; seguramente atribuyó el accidente a una acción canina.  Fanny, llena de temor, se protegió colocándose detrás de mí y cuando Ariel se avalanzó, logró morder mi pierna.  Lancé un grito y Ariel se retiró.

   No vi a mi Tommy el resto de ese día, pero yo estaba muy preocupada por el daño que pudiera haber causado, por mi descuido, a mi pobre gato.  Supongo que esto ocurrió en septiembre u octubre de 2019.

   Unas semanas después del suceso, tocaba la vacunación y la veterinaria de la colonia, muy amable, se ofreció a dar atención a mis animalitos en mi domicilio, pues sabía que ya no contaba con alguien que me acompañase. 

   Ya en mi antiguo domicilio,  la doctora fue vacunando a cada una de mis mascotas, comenzando por Fanny.  Al llegar el turno de Tommy, éste reaccionó de una forma increíble, se zafó de mis manos, huyó rebotando de una pared a otra para, finalmente,  esconderse Dios sabe dónde.,  La doctora me dejó las ampolletas y las jeringas para inmunizar a Tommy contra la leucemia felina y la rabia.  Al día siguiente puse una a mi Tommy, pero me miró con una expresión de dolor profundo, de tristeza increíble.  Decidí que no volvería a lastimar el cuerpo de mi gato.

   El tiempo pasó y las aproximaciones con mi Tommy se fueron estrechando.  Tras la mudanza, todos tienen un sitio favorito y el de mi gato Tommy ha vuelto a ser el horno.  En un principio, huía del aparato sobre todo cuando yo lo ponia a andar.  Ahora no, duerme sobre él aún cuando está en acción.

   Hace un poco más de un año le fueron detectados cálculos en uno de los riñones.  Fue terrible para todos nosotros, pues de repente, Tommy no se acercó a la comida húmeda, su preferida, su cuerpecito estaba tirado sobre el piso y al levantarlo, no opuso resistencia alguna.  Desde que lo recogimos de la clínica veterinaria, mi Tommy come alimento húmedo sólo cuando hay que desparasitarlo; muelo la pastilla y la revuelvo en el alimento blando.

   La doctora nos informó sobre lo dañino que resulta el dar croquetas y alimento húmedo de marcas comerciales, pues están preparadas con ingredientes que resultan dañinos para nuestras amadas mascotas.  En realidad, yo no puedo comprender cómo es posible que haya quienes lucren a costa de la salud de los adorables y adorados animalitos.

   En la actualidad, Tommy es el único de mis gatitos que come croquetas de mi mano o del bote en que se guardan.  Es muy lindo observar que él come, con total confianza, las bolitas de alimento que yacen sobre mi palma.

   Los fines de semana son algo extraordinario para mi Tommy porque no hay más humanos que yo y la presencia de Gerardo qpd no le afectaba, pues permanecía descansando o dormido sobre el horno aún cuando mi compañero entrara a la cocina y se colocara frente a él.  “Míralo. ¡Qué conchudo!”, me decía Gerardo mientras lo señalaba.  Yo respondía que eso significaba que lo quería.

   Ahora tiene 7 años, toda su vida en contacto con los familiares cercanos, mis nietos y nuera, con Marlon, reconoce sus cuerpos y voces pero aún evita el contacto visual y físico.

   Por las noches, a veces se acerca a mí, cuando estoy en la sala y sube a dormir sobre mis piernas.  El requisito es que no haya más humanos.

   Cuando entro en la cocina, en mi visita nocturna, él ronronea, me hace gestos, camina sobre el mueble con su cola erguida y roza su cuerpo contra mi brazo; yo respondo de la misma manera, le  hablo mientras agacho la cabeza y con mi cabello, rozo su costado, también lo beso en la cabeza, junto mi nariz a la suya, lo levanto y, si lo considero prudente, cargo durante unos cuantos segundos porque él se asusta.

   Debido a las características de comportamiento de mi gatito, yo le procuro mucha más ternura y por eso decidí que él sería el personaje central, es decir, el narrador en mi blog Diario de Ágata.    ..

jueves, marzo 07, 2024

KAHIL

 

 



   Su nombre, una propuesta  de mi hijo qpd y Mary, sufrió una transformación en la ortografía.    Desde bebé, Kahil ha sido el más activo y sociable de todos. 

   Fuerte y atrevido, Kahil se impone entre todos los mininos por su afabilidad, valentía y curiosidad: se hace presente cuando tenemos visitas y gusta que le acaricien.  A menudo, se extiende de lado o panza arriba para ser acariciado por manos desconocidas al interior de la casa.

   Cuando era un cachorro, un gato –que mi hijo, nuera y nietos suponían era el padre por el gran parecido—iba constantemente a la barda de la casa y, desde las alturas, observaba a los pequeños mininos y a Ariel, que lo miraba con amor.  Mi hijo decía: “Mira, Kahil, ahí está tu papá”.  Es que el parecido entre aquel gato doméstico y nuestro Kahil es asombroso, ambos con la misma combinación de colores en su pelaje con las manchas corporales similares y el mismo color de ojos.  Solíamos bromear con que el gato visitante no era tan irresponsable, que sólo hacía falta que aportara para la manutención de los gatitos.

   Kahil es quien pone el desorden en la convivencia gatuna, pues casi siempre inicia las disputas; de repente, se escuchan sonidos discordantes al interior y sé que es él en pleito y corretiza con Botitas o con Ariel.  Muy pocas ocasiones corretea a Tomy, que huye de los conflictos.

   En lo personal, yo experimentaba confianza y, por tanto, brindaba menos atención hacia Kahil, que es el consentido de mi hermano Alfredo, mi cuñada y se disputa la preferencia con Botitas, entre mis visitas, pues ambos buscan el cariño y apapachos. 

  

Inteligente como sólo él puede serlo, Kahil me adoptó; busca la proximidad conmigo y cuando me siento, de inmediato se coloca sobre mis piernas, me mira y, tras ronronear, queda dormido en posiciones muy extrañas. 

   Su maullido es grave y a veces, mientras lo emite, me da un manazo para que le hable o cargue.  Respecto a sus expresiones faciales, son extremadamente comunicativas, pues cuando se siente feliz, no sólo ronronea, también parece que sonriera pues sus ojos se entrecierran y se ven como dos rayitas, tal y como ocurre con los humanos. Mi Kahil es tierno y muy simpático.

   En las noches, siempre me acompaña y duerme sobre mis piernas o bien, junto a mi cabeza.  Es tan tierno que acaricia mi cara y lame mi cabello, me acicala como lo hace con sus hermanos y madre.

   De mi familia, la única con la que ha tenido esas expresiones amorosas es con mi prima Bere, a quien peinó y besó profusamente. 

   Tal vez La reconoció como parte de los suyos, de la familia gatuna por el color de ojos y ella, me ha confiado, lo considera como “su sobrino favorito”.

  

miércoles, marzo 06, 2024

BOTITAS

 


   Decidí comenzar la descripción de la forma de actuar, de ser, de interactuar y de intercambiar cariños con el más grande, fuerte y peludo de los tres mininos.  Además, siguiendo el orden alfabético, es a él a quien corresponde.

   Botitas es, desde su nacimiento, el más tragón de todos.  No se parece a ninguno de sus hermanos ni a su mamá; seguramente es hijo de otro gato pillo, del que no me percaté.

   A su nacimiento, su pelaje era blanco y sólo las patas y su cara tenían un color oscuro.  Con el paso del tiempo, el pelaje corporal se oscureció y ahora parece que trajera pantalón de tono menos oscuro que sus patas y camisa clara. 

    El color azul de sus ojos lo hace parecer gato siamés, pero mi adorado es gato arielino.

   Su voz es dulce, maúlla cual bebé consentido, lo hace a través de sonidos agudos y de larga duración.  Es platicador, con él mantengo diálogos interminables. 

   Entre sus juegos preferidos en interacción conmigo,  el de ser correteado es uno de los que más disfruta, pues se deja atrapar y luego, cuando lo cargo, mira hacia el infinito mientras ronronea.  Yo imagino que se debe sentir súper amado y se transporta al paraíso de los felinos.

   Le gusta la comida humana, cuando nos sentamos a comer, Botitas se acerca y pide que se le ofrezca una probadita de nuestros alimentos.  Nos hace gracia porque sigue un ritual: primero, huele el alimento moviendo su cabeza para olfatear toda la superficie, luego lo lame y, si le agrada, lo toma, mastica y deglute.

   Durante el tiempo de encierro por la pandemia, yo trabajaba a distancia y al hacer videollamadas con padres de familia, él se colocaba al frente de la cámara, como si fuera parte importante en el contenido de las pláticas.  Yo me disculpaba por la acción de mi Boti; ahora, a la distancia, creo que fue un apoyo porque permitió la distensión de padres y con ello, propició buenos resultados de nuestras charlas.

   Mi nieto Santiago es el preferido de los humanos para mi Botitas.  Mi nieto tomaba clases a distancia en el mismo espacio en el que yo trabajaba, así que ambos teníamos la compañía de Botitas, quien se sentaba sobre las piernas de Santi, practicando un acompañamiento cariñoso y ronroneador. 

   Santi decidió un día que él es papá de Botitas.

   Cuando sus comederos están vacíos, Botitas me avisa y yo les vuelvo a dotar de croquetas, también se acerca para solicitar agua y, si no le hago caso cuando desea cariños, me lanza mordiditas. 

   Botitas me saluda en las mañanas, maúlla con un volumen elevado y cuando yo pregunto: “Cómo estás, bebé?”, él cambia el tono de su maullido, se dulcifica y viene hacia mí.

 


 

viernes, marzo 01, 2024

CACHORROS MAULLADORES


  

 

 


 

 El sábado 3 de septiembre de 2016  mientras la flamante madre alimentaba a sus pequeños, nosotras llamamos a todos quienes acompañaron la gestación de nuestra Ariel. 

   El domingo fue día de fiesta, llegaron a conocer a los bebés mi hijo qpd, mi nuera y mis nietos, además de mi prima Tere con su esposo, el gran Toño Galaxy e hijos.

   La visita familiar fue emocionante, todos celebrábamos el milagro de la existencia reflejada en los cinco seres que, a ciegas, se desplazaban hacia el olor de la leche materna.  Mi mamá qpd y yo estábamos felices y orgullosas, nos consideramos parte del logro de Ariel.

   No recuerdo quién nos recomendó que debíamos tener cuidado con las crías, porque los gatos adultos suelen ser agresivos con ellas y por eso, decidimos mantenerlos dentro de la habitación durante las ocho semanas de lactancia.  Diariamente, antes de salir rumbo al trabajo, yo entraba al cuarto para dar comida a Ariel, acariciarla, hablarle y ver a sus gatitos. 

   Las visitas de mi hijo y su familia fueron muy frecuentes, varias veces a la semana pues querían observar directamente la evolución de los nuevos mininos.  Ellos eligieron dos, un macho y la única hembra.

   Emilio y Mary analizaban a los filósofos anarquistas, por ello decidieron que el macho llevaría por nombre Bakunin y a la hembra, el nombre de un dulce, Kori.  Sin embargo, respetaron el tiempo de lactancia, los dos meses reglamentarios.

   Fue fascinante observar que, en cuanto los cachorros abrieron sus ojos y reconocieron el lugar, se dirigían hacia el arenero.  Para facilitarles la tarea, coloqué un recipiente rectangular bajo, con la finalidad de que la acción de introducirse en él fuese amable para ellos y no perdieran la capacidad de responder a sus instintos.

    Transcurrido el tiempo necesario, Emilio se llevó a Bakunin y a Kori; nos quedamos con tres machos.  Mi hijo me sugirió los nombres para dos de ellos, uno sería Kyle y el otro, Kenny.  Para el tercer gatito, el más delicado y frágil, no obtuve propuestas. 

   Me di a la tarea inútil de buscar padres para mis gatos.  Con el cuidado, la atención y el juego diario, el cariño hacia ellos se incrementó y cuando al fin tuve dos peticiones en las que los antecedentes fueron el envenenamiento de una mascota, mi respuesta fue un rotundo “¡NO!”.  ¿Mis razones?  En primer lugar, los amaba ya y la segunda, no los iba a exponer a un fatídico destino si yo tenía la posibilidad de brindarles bienestar y cuidados.

   Así pasaron unas semanas más.  Kyle me parece que es un nombre bonito, pero debo aclarar que soy ignorante y desconocía la manera en la que se escribía el nombre, así que lo plasmé Kahil y la verdad, me parece que mi gatito se identifica más con esta ortografía.

    En cuanto a Kenny, no me gustaba mucho y creo que a él tampoco, porque no respondía a ese nombre.  Lo pensé bien, tiene los ojos azules, su carita, cola y patas de color café intenso.  Decidí que le vendría mejor llamarlo Botitas.

   En cuanto al tercero, el frágil, delicado y tímido, fue un poco más difícil.  Un día, no sé la razón, me vino a la mente el nombre Tommy y al parecer a él le agradó, porque responde, gesticula y ronronea siempre y cuando no lo levante ni lo cargue más de 30 segundos.  Él es quien pone las reglas en nuestra relación.

  

MI CIUDAD Y GUADALUPE TRIGO EN 1971

             Era el primer año de presidencia de Luis Echeverría Álvarez, al igual que el del Jefe del Departamento del Distrito Federal –ah...