jueves, febrero 22, 2024

PERLITA

 


 

  


Perlita fue una perrita muy dulce e inquieta.  Como la característica de los chihuahuas es el racismo, entendido como el rechazo hacia los demás animales que no comparten sus características, estableció “amistad” relativa con Valentina, esto porque ambas eran cachorras cuando las adquirimos, pero nunca fue aceptada por Greta, que era la adulta alfa.

   Para compensar el desdén que recibía mi pobre caniche, yo la consentí de manera superlativa.  Cuando regresaba del trabajo, era la primera a quien cargaba, besaba y hablaba con palabras dulces.  También era la que más alimento y premios recibía.

   Emilio y yo la cargábamos y cuando él la tenía entre sus brazos, yo le pedía que fuese conmigo extendiendo los míos, como se hace a los bebés.  Ella, al ver mi ofrecimiento, se impulsaba hacia mí para que la cargase.  ¡Era un verdadero amor!  

   Con ella inicié en el tejido de suéteres para perros, recuerdo uno que hice con franjas horizontales banco y rojo.  A pesar de mi daltonismo, siempre me he fijado en la combinación de colores y la comparación con los que tienen banderas, uniformes y cualquier otro tipo de distintivos. Recuerdo que pensé que yo no soy aficionada al futbol y al iniciar el tejido, pensé que esperaba que no la relacionaran con el equipo de las chivas.  También le tejí uno azul rey con el que se veía hermosa.

   Más adelante, la enseñé a recoger el premio de mi boca, era todo un espectáculo de amor. 

   Como resultado de tanto cariño y atención, Perlita se hizo demandante; cada vez que me veía, ladraba o aullaba para que le diera premios.  Yo me escondía en el estudio de la casa y cuando me asomaba, ella comenzaba a ladrar.

   Cierta ocasión, Emilio qpd me hizo la siguiente observación: “Perlita te quiere tanto que cuando se acerca la hora en la que acostumbras llegar, se echa frente a la puerta”. Mi perrita era correspondida, yo la quise mucho, su nombre fue mi palabra clave para acceder a la computadora.  Recuerdo que una ocasión en la que la directora del vespertino quiso utilizar la computadora que yo tenía en la escuela, se encontraron con que tenía una palabra clave.  A ella no le costó mucho saberla, pensó en mi mascota consentida.

   Perlita sufría algunos trastornos, esto se debe, supongo, a la voracidad humana.  Hay criadores que, con tal de obtener dinero, permiten la reproducción entre hermanos.  Yo creo que eso ocurrió con mi Perla, porque ella presentó problemas óseos, sus vértebras estaban mal implantadas y se observaba una curvatura convexa cuando le hacían el tratamiento estético, tenía problemas en su cadera lo que impedía que la perrita saltara pues había peligro de dislocación de cadera, nunca tuvo el celo y siempre se portó como si fuese cachorra.

   Una noche, al regreso del trabajo, hice lo acostumbrado.  Preparé el alimento para mis perritas y las llamé.  Ella se acercó, olió la comida y se retiró.  Yo quedé angustiada porque ese comportamiento no lo había observado antes.  Al día siguiente, que era sábado, la llevamos con la veterinaria.  La doctora Wendy elevó la oreja de mi Perlita y vio que estaba blanca.  Me dijo que tenía anemia y que tal vez se debiera a una mordida de rata y sugirió practicarle unos análisis.  De inmediato, nos pusimos en acción y localizamos un hospital veterinario que se encuentra en la avenida Transval.  Ahí llevamos a mi Perlita.  El médico nos sugirió que la dejásemos internada después de descartar la infección generada por los roedores.

   Mi pobre Perlita permaneció cuatro días en el hospital.  Estuvo una noche con nosotros antes de fallecer.

   En su memoria, creé un blog titulado "Una perla en el cielo", mismo que desapareció al eliminar una antigua cuenta de correo.  No supe cómo salvarlo.

   Aún ahora, cuando rememoro su compañía, su amor y su presencia, el dolor por su ausencia me invade, fue una compañía inigualable por su dulzura, alegría, resistencia y fidelidad, además de un ser que inspiraba una ternura increíble.

miércoles, febrero 21, 2024

LA SORPRESA DE GRETA


    

Gretita, la chihuahua modelo, era muy querida por la familia; nuestro amor era inversamente proporcional a su tamaño.

  
Alrededor del año 2000, mi papá dejó de ir a su oficina y escribía sus colaboraciones en la casa.  A él le gustaba beber Cannada Dry u otro refresco que fuese sabor lima-limón; lo mismo a Greta y siempre había una taza de barro con la bebida refrescante servida para nuestra perrita quien, acalorada y agitada de ladrar y correr en el patio, subía las escaleras para dar unos lengüetazos al recipiente colocado al interior de la habitación de mi papá.  Era muy graciosa.

   Como parte del tratamiento para el insomnio, mi papá tomaba media pastilla de Rivotril por las noches.  Una ocasión, cayó al suelo el pedazo de pastilla que Greta, glotona como era, ingirió.  Yo regresé a la casa del primer turno de trabajo y como no salió a mi encuentro, la busqué sin éxito.  Yo estaba muy preocupada y llamé a mi directora para decirle que no iría a la primaria vespertina porque mi perrita se había perdido y la buscaría.  Después de unas horas, salió Greta de debajo de la cama de mi papá, estaba somnolienta y aturdida. 

   Greta respondía a varios nombres, mi papá qpd le decía Perdita y Emilio qpd la llamaba Didí.  Fue una perrita muy feliz y por eso, no comprendimos el momento en que salió a hurtadillas de la casa. 

   Yo creo que estaríamos a principios del mes de diciembre del año 2004 o 2005. 

    Como antecedente, Emilio viajaba frecuentemente a Acapulco, iba a la casa de su amigo Johnathan y un señor que los acompañaba para cuidarlos, de nombre Hugo.  Tal vez iban más jóvenes, pero no lo recuerdo. 

   De aquel lugar guerrerense, Emilio había hecho un amigo, Michael, quien solicitó pasar una noche en la casa, pues iba a viajar a otro lugar y la ciudad era la escala y debía salir en la madrugada rumbo al aeropuerto   

   Esa noche esperamos la llegada de Michael, quien se acomodó en el sillón de la sala para esperar el momento de salir.  Todos nos fuimos a dormir y al levantarnos al día siguiente, el amigo de Emilio ya no estaba.  ¡Pero Greta tampoco!

   Yo no me di cuenta, así que tuve mi día de trabajo como siempre; yo laboraba en dos primarias, una en la Unidad San Juan de Aragón y la otra, en la colonia Héroes de Cerro Prieto.

   Al regreso, me enteré de una noticia escalofriante:  nuestra adorada Gretita había desaparecido.  Emilio y mis padres la habían buscado por los alrededores de la casa, recorrieron la colonia entera y nada.  Creímos que se había perdido y que ya no volvería.

   Mi mamá qpd nos dijo que necesitaba otra compañía, otra perrita que fuese muy parecida a Greta, por lo que nos dimos a la tarea de buscar perros chihuahua cabeza de venado.  Encontramos en el periódico información oportuna, un consultorio veterinario de Santa Isabel Tola tenía a la venta cachorros de esa raza, llamamos y concertamos la cita para el sábado 21 de diciembre.  Nos sentíamos entusiasmados a pesar de nuestra tristeza.

   Mi mamá estaba realmente compungida, ella adoraba a Greta y se sentía desolada.  Con el paso de los días, la desesperación de mi mamá se incrementó y el día 20 de diciembre, al regreso de la comida de fin de año, me encontré con una hermosa y ladradora bolita blanca con un moño rojo atado a su cuello, era un regalo navideño viviente.

   Mi mamá estaba contenta, pero triste.  Emilio y mi mamá me platicaron que, como era tanta la angustia por la ausencia de Greta, habían buscado un reemplazo urgente y encontraron a una caniche.  Su nombre era Perla y era verdaderamente adorable, parecía un peluche articulado con movimiento y sonido propio. 

   Al día siguiente nos alistamos para ir por la chihuahua.  Yo nunca había ido hacia ese lugar; mi mamá lo conocía porque, me dijo, cursó la primaria por esa zona del norte de la ciudad. 

   Al entrar al consultorio,  estaba un par de mujeres, a quienes dimos los buenos días para después, saludar al doctor, quien nos condujo hasta donde se encontraba una jaula y ahí había una perrita muy parecida a nuestra Greta.  Mi mamá se alegró mucho y al retirarnos, una de las señoras dijo “Ya se va la flaquita”.

   Al arribar a nuestra casa, Perlita de inmediato se alegró y se puso más activa, olió a la nueva integrante de la familia y comenzó a jugar con ella.  Nosotros estábamos enternecidos ante el espectáculo.

   Pasó el domingo y el lunes, a eso de mediodía, escuchamos que alguien rascaba el zaguán.  Emilio abrió la puerta y entró Greta que, al ingresar a la sala, se encontró con la sorpresa de que de ahí en adelante, tendría que compartir la vida, el amor, la atención y la casa con dos cachorras que, por supuesto, no le hicieron gracia. 

   La nueva chihuahua aún no tenía nombre, habíamos propuesto algunos, entre ellos, Capulina, Barbie, Débora y Nena. pero el ingreso de Greta fue anunciado con agudos ladridos provenientes de la recién integrante.  Mi mamá dijo con entusiasmo “¡Valentina!”.

   Y a partir de ese lunes de inicio de las vacaciones decembrinas, la familia se incrementó, éramos cuatro humanos, tres perras y tres aves. 

martes, febrero 20, 2024

CHARLIE

 


 


   El 10 de abril de 1998, cumpleaños número 65 de mi papá qpd, se escuchó un trino dentro de la casa, era un canario que se había introducido y, paradito encima de uno de los muebles, cantaba despreocupado. 

   Mi mamá qpd lo puso en una cajita de plástico transparente a la que habíamos hecho algunas perforaciones para facilitar la respiración del animalito.  Emilio qpd y yo fuimos al mercado para comprar una jaula, alpiste, comederos, una tinita y un poco de vaina.

    Nosotros, Emilio y yo, propusimos llamarlo Piolín, como el personaje de caricaturas, pero mi mamá afirmó que si había llegado el día del cumpleaños del jefe de la casa, su nombre debía ser Charlie.

   Nos entusiasmó tanto la expectativa de contar con los cantos de los pequeños seres emplumados, que nos dimos a la tarea de buscar más.  No encontramos canarios, sino pericos australianos, de los que compramos dos parejas, unos verdes y otros azules.  No recuerdo si les pusimos nombre a nuestras últimas adquisiciones trinadoras.

    Los australianos eran muy escandalosos, parecía que discutían y alardeaban durante el día, eran graciosos.

   Charlie les sobrevivió.  Todas las mañanas cambiábamos el periódico de la superficie de su jaula, servíamos el alpiste, un poco de leche con pan, lechuga, vaina o cualquier otra fruta, por ejemplo, un pedazo de naranja. 

   En poco tiempo Charlie se acostumbró a nosotros, no se asustaba cuando introducíamos nuestra mano para cambiar el agua, servir su alimento y estoy segura que se hubiera dejado tocar por nosotros.

   Mi papá quería muchísimo a Charlie, lo amaba como el más preciado de los regalos de cumpleaños que le hubieran entregado.  Recuerdo que a mediodía, cuando él salía al patio para regar las plantas o tomar el sol, hablaba al canarito con gran ternura.

    Charlie fue siempre una tentación para Ágata, lo miraba muy atenta pero no le hizo daño alguno.  Yo creo que Ágata controlaba sus instintos y sólo cazaba lagartijas.  De los ratones Ágata nunca fue aficionada, hubo una ocasión en la que uno de esos roedores se introdujo a la casa, entonces metimos a Ágata y al estar frente a frente con él, Ágata  nos miró como preguntándose qué es lo que debía hacer.

   Charlie vivió varios años con nosotros, fue perdiendo habilidades y al final, no saltaba al palito transversal de su jaula, tal vez sus patitas habían perdido la movilidad para afianzarse y mantener el equilibrio.

   En el caso de las aves, la certeza de los años vividos no la tengo precisa, aunque no resta la importancia y el cariño que sentimos hacia ellas.

   Por mi parte, sé que me quedaré con las ganas de contar entre mis mascotas, a loros hablantines.


MI CIUDAD Y GUADALUPE TRIGO EN 1971

             Era el primer año de presidencia de Luis Echeverría Álvarez, al igual que el del Jefe del Departamento del Distrito Federal –ah...